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sábado, 14 de enero de 2017

El duende de la pradera





Después de un largo recorrido hacía el sur de mi amada aldea, de días agobiantes y calurosos, y de noches lúgubres de hielo, por fin lo encontré. Estaba de espaldas a mi tembloroso cuerpo, envuelto en una mágica y deteriorada túnica color café. Lo observé en silencio con el corazón en total quietud, mientras dominaba el fuego con sus enormes y mugrientas manos cargadas de maldad, al tiempo que rugía haciendo estremecer el mundo entero con el poder diabólico de su garganta perversa. Solo podía apreciar su silueta de grandes proporciones a contra luz de la ardiente flama, así que casi no pude darme cuenta cuando sacó de su bolsillo encantado un extraño y brillante objeto ovalado, que parecía capturar todas las imágenes del bosque oscurecidas por la noche negra a merced de sus infames deseos. Y donde, en la distancia, pude apreciar con un terror físico, como se dibujada instantáneamente mi asustado rostro en el interior de ese maligno artefacto de Satanás. Automáticamente, ante el pavor que se desbordaba por mi alma, retrocedí un paso, con el infortunio de reventar una rama seca que quebró el silencio del momento, esparciendo un eco delator entre los protectores matorrales y por el bosque entero. La criatura giró un poco su enorme cabeza y extendió su cuerpo alcanzando un tamaño monstruoso mientras mascaba las siguientes palabras que hicieron explotar en mil pedazos los restos inermes de mi casi aniquilado valor:

- Sé que estas ahí - 

De repente, giró con brusquedad su pesada figura, y sus ojos pardos y malvados se posaron sobre mis temerosas pupilas, llenando mi corazón de horror, mientras se reía a carcajadas con su enorme y pútrida boca mostrando unos afilados dientes amarillos.

Corrí de manera demente por la espesura del bosque encantado, atravesando sombras fantasmales y lamentos sepulcrales provenientes de la oscuridad de la turbia maleza, mientras sentía detrás mío los pasos diabólicos de ese ser de cabellos negros y barba enmarañada que me perseguía sediento de mi sangre cálida y de mi carne trémula, al tiempo que sus estrepitosas pisadas retumbaban por todos los rincones de ese bosque negro en aquella espantosa noche de tragedia. Yo continuaba mi andar frenético atravesando matorrales y tropezando con ramas secas y piedras afiladas, mientras ese demonio continuaba riendo a mis espaldas con su risa malvada y grosera. La distancia entre nosotros era cada vez más corta y podía sentir el vapor de su aliento fermentado en mi nuca sudorosa. Era cuestión de minutos estar indefenso entre las garras mugrientas de ese ser maligno parido por Lucifer que me había atrevido a desafiar en esa fría noche sin luna, a pesar del clamor de mis amigos y familiares para que me quedara en casa y olvidara esos relatos antiguos sobre el duende de mas allá de Bosque, pues simplemente los duendes no existen, nunca se ha visto uno en inmediaciones de la aldea ni en los lugares más oscuros y lóbregos de ese bosque vivo que nos absorbe. Solo los animales salvajes causaban peligro a los aventureros que se adentraban en el corazón de la maleza. Eran devorados por lobos, osos y búhos, y aquellos más osados que cruzaban hacía la frontera sin árboles, simplemente desaparecían sin dejar rastro alguno sobre el tapete verde de la pradera. 

Pero era tarde ya para arrepentimientos, mas aun cuando esa bestia peluda y corpulenta estaba tan cerca de acabar con mi existencia, que podía escuchar el latir acelerado de su corazón emocionado. De repente, y cuando el pesimismo se había apoderado de mi pecho, sentí sus fuertes pisadas un poco más distantes. Su respiración cansada y magullada se escuchaba como un eco a lo lejos entre los árboles gigantes, y un grito adornado de rencor se deslizó por su garganta siniestra alborotando a las aves dormidas en los árboles cercanos. A pesar de la ventaja adquirida seguí corriendo con acelerado andar, surcando quebradas, rocas, matorrales y troncos secos. Pero la naciente calma de mi corazón se esfumó por un estrepitoso sonido seco y catastrófico que hizo estallar el tronco de un árbol a mi lado. Sólo un instante después y antes de recuperarme del estallido de mi mundo, un segundo retumbar estremeció mi aterrado ser al tiempo que hizo volar la tierra y el pasto hasta el lanoso cielo sin luna. Giré en redondo para poner pecho a mi final, y para descubrir la causa del explotar del bosque encantado, que no podía ser otra que la magia negra y malévola del duende de la pradera. Me sorprendí al encontrarlo tan cerca de mis nerviosos huesos, con su roja vestimenta sucia y rasgada, con su barba revuelta y ojos brillantes que me cercenaban en la distancia con una mirada psicópata y espuma en la boca hambrienta. Al verme postrado a su meced perversa, paralizado por un terror cáustico que bañaba mi indefenso cuerpo, extendió su robusto y velludo brazo mostrando un instrumento brillante y alargado con dos bocas redondas en el extremo. No había terminado la inspección de ese extraño elemento cuando otro trueno ensordecedor fue escupido por uno de los orificios de ese grotesco dispositivo junto con una bocanada de fuego que iluminó por un instante la negrura de la noche e hizo volar nuevamente la tierra húmeda y el pasto inerte hasta el firmamento nocturno, bañando con el olor a lluvia de la tierra viva, mi rojizo cabello y mi piel dormida. 

Lanzó una vez más un aullido de ultratumba arrojando vapor por las fauces hirvientes, y comenzó a maniobrar su mágico artefacto que expelía fuego por el extremo. Fue en ese lapso cuando emprendí una vez más mi despavorida huida con el ánimo de no volver a mirar hacia atrás a ese titánico engendro del diablo con mágicos poderes que quería llevarse mi alma asustada al otro mundo. 

Corrí y corrí en la granulosa noche y en la fragosidad del bosque, con los pies debilitados, el corazón exhausto y el valor extinto, mientras el malvado duende derribaba árboles a su paso como si fueran ramas secas y rugía de rabia como oso herido, debilitando aun mas mi lastimado espíritu. Después de mucho correr sentí como las fuerzas me abandonaban y el aliento se esfumaba con mis quejidos. Mi monstruoso persecutor aprovechó ese halo de debilidad y arrojo su último ataque a mi carne blanda golpeando con una de sus fuertes garras mi rostro curtido y escurrido en sudor de hielo, arrojándome como a un saco de paja por el denso aire nocturno dejando una delicada estela de sangre flotando en el ambiente. Caí como piedra en la hojarasca, al otro lado del lago de arena, con el pecho acongojado y con los labios y la barba bañados en sangre. Estaba desprotegido, desparramado sobre el suelo y con el miedo congelando mis piernas adoloridas. El duende soltó una carcajada de alegría y corrió con rapidez ante mi cuerpo vencido y ensangrentado. Lanzó una malla mágica sobre mí para impedir mi fuga y se apresuró a cruzar el pequeño lago de arena que nos separaba en el corazón del bosque. Después posó sus enormes pies sobre la arena y con algo de dificultad avanzó mientras vitoreaba y cantaba un peculiar estribillo. A pesar de la penumbra podía distinguir su rostro sucio de ojos pardos y brillantes, con labios gruesos enmarcando una boca humeante de amarillentos dientes. Ya sentía esos feroces dientes hundirse en mi piel y absorber mi sangre aguada, arrancar mi carne y tragar mis entrañas jugosas cual festín fogoso, cual jolgorio rimbombante, cual éxtasis ahumado proporcionarían mis huesos a ese ser endemoniado que ahora estaba a menos de dos pasos de mi ser cobarde. Cerré los ojos resignado a no observar su boca abierta al devorarme, y traté de morir a la fuerza para no sentir dolor, pero un grito desesperado de ese ser diabólico interrumpió mi cometido y abrí los ojos a su figura malvada. Su cuerpo estaba siendo devorado sin compasión alguna por las abrasivas arenas movedizas del bosque. Su peso era tan descomunal que sucumbía ante la bocanada de ese lago seco frente a mí, arrojando alaridos de lobo apaleado y estirando sus fornidos brazos al manto negro de la noche. De repente golpeó mis ojos con su mirada asustada, y dijo con una voz portentosa y desesperada:


- Ayúdame duende, por favor, no me dejes hundir en estas arenas movedizas -


Su súplica estaba cargada de miedo, de terror.


- Por favor duende ayúdame, prometo no perseguirte mas -


Lo miré estupefacto, no parecía el mismo monstruo que hacía unos instantes me perseguía con locura, más bien era parecido a mí, y a los míos, solo que con un tamaño monumental. 

En ese momento la luna asomo su rostro de plata y acarició todo el bosque con su luz pálida. Pude apreciar con detalle al ser que luchaba con las arenas que lo succionaban. La claridad se había llevado su apariencia maligna y horripilante, mostrando un ser grande pero inofensivo.

- Amigo duende, no me dejes morir, perdóname y ayúdame por favor – 

No comprendía por qué me llamaba duende, ¿acaso me creía uno de los suyos? ¿O era esta su estrategia vil para forzar mi ayuda? Traté de soltar la red encantada que me apresaba en medio de los alaridos del duende. Aun no había decidido ayudarlo cuando este ser arrojó una pesada bolsa cerca de mí y me dijo antes de ser devorado por el polvo de tierra negra:

- ¡Vete a la mierda duende infeliz! –

En el interior de la bolsa reposaba un raro elemento cilíndrico color rojo carmín con una chispa que bajaba por un cordón negro en dirección al extraño cilindro. Con un chasquido de los dedos desaparecí el elemento y fue en ese momento cuando caí cuenta que pude haber hecho eso al comienzo de la persecución, desapareciendo mi figura a la mirada de ese duende malvado. 

Terminé de soltarme de la malla hechizada del duende y seguí rebuscando en su deteriorada bolsa, encontrando muchos papeles y objetos increíbles, pero lo que más me causó sorpresa y confusión fue un viejo libro con apuntes, seguramente elaborado por el duende de la pradera con su mente enferma. Aparecía un dibujo de un ser muy parecido a mí, con la misma vestimenta, orejas puntiagudas y barba poblada y liza, pero tenía el encabezado de “Malvado duende del Bosque” 

- ¡Ja! Duende demente – dije en la espesura del Bosque Encantado, y con un chasquido de los dedos aparecí en la mi carnavalesca aldea de los Árboles, y corrí a contarle a mis amigos Gnomos y a las Hadas sobre mi aventura vivida con el Duende de la pradera.




FIN



ALVARO RUIZ REYES
Copyright © Alvaro Ruiz Reyes


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 MAR DEMENTE

jueves, 27 de octubre de 2016

EL CARNICERO DE KRYPTON (Segunda parte)




SEGUNDA PARTE




 - Tenemos información de último momento en la zona verde con la situación de rehenes. Vámonos de inmediato con nuestro compañero William Thompson, en directo para MNN. Cuéntanos Bill que está pasando exactamente. ¿Hay algún avance?

- Así es Tom, seguimos aquí en la zona verde, exactamente a 1800 metros del edificio del Banco central de Metrópolis, límite de los cordones de seguridad del ejército. Nos ha llegado información sobre la situación que es noticia en todo el mundo. El secuestro de 254 rehenes en manos de “El Kryptoniano, o El carnicero de Kryptón” antes conocido como Superman. El bandido se ha comunicado con los negociadores del departamento de policía, exigiendo hablar personalmente con la reportera del diario El Planeta, Lois Lane, con quien al parecer tuvo una relación sentimental hace un par de años. Según fuentes del gobierno, el Kryptoniano además de la presencia de Lane, solicitó un camarógrafo y al fotógrafo del diario El Planeta Jimmy Olsen. Al parecer Tom, el infame secuestrador va a conceder una entrevista en vivo y en directo en pocos minutos.

- ¿Bill, para acceder a esta petición la policía realizó algún tipo de negociación con el secuestrador, entrega de rehenes por ejemplo?

- Así es Peggy. El Kryptoniano va a entregar a 50 rehenes, 40 mujeres y 10 hombres, todos de la tercera edad. Una vez soltados los rehenes, se hará el ingreso de los periodistas.

- ¿Se sabe algo del procedimiento de salida y entrada de las personas en cuestión, es decir, se tendría que desactivar temporalmente el casco de seguridad?

- Tom, es imposible desactivar la barrera de Kryptonita, según nos ha manifestado un representante del ejercito, cualquier instante sería aprovechado por el bandido para escapar, o peor aun, para lanzar un terrible ataque a la fuerza pública. Por eso se mantendrá activada todo el proceso y hasta que la situación esté controlada. Por otra parte, para los seres humanos no es perjudicial este compuesto, por lo tanto, lo podrían atravesar sin que esta capa verde luminosa les ocasione daño alguno, tanto a los rehenes que salen, como a los periodistas que entran. Por lo pronto es todo en la ciudad de Metrópolis. Les informa desde la zona verde, William Thompson, para noticias MNN. Sigan en estudio Tom y Peggy.

- Gracias a ti Bill por esa importante primicia informativa, que los televidentes han podido conocer gracias al esfuerzo técnico y periodístico de noticias MNN, quien lleva la información de primera mano, desde la zona verde, lugar de los hechos, hasta la comodidad de sus hogares.

- Tom y el mundo sigue pendiente de este importante hecho de interés general. Recordemos que El Kriptoniano ha realizado hechos delictivos en los países más poderosos del planeta, repartiendo dolor y muerte a su paso. Igualmente llevándose enormes cantidades de dinero y joyas en cada golpe.

- Peggy nos informan que ya se está realizando el canje de rehenes en el Banco Central, vamos de inmediato al lugar de los hechos con nuestro compañero William Thompson. Adelante Bill cuéntanos que sucede en este momento y como se está llevando a cabo la entrega.

- Tom, efectivamente y con ayuda de la policía y el ejército se está llevando a cabo el procedimiento de canje de rehenes, por el personal periodístico solicitado por el criminal. Debido a los múltiples anillos de seguridad y el férreo cordón militar de la zona verde, no podemos tener imágenes de la liberación de las 50 personas de la tercera edad, 40 mujeres y 10 hombres. Vamos a esperar imágenes de los helicópteros militares autorizados para el cubrimiento de los acontecimientos desde el aire. Continúen en estudio Tom y Peggy.

- Gracias Bill estaremos pendientes de las imágenes de los helicópteros militares, mientras tanto tenemos en línea al General del ejército Richard Murphy, comandante de las fuerzas militares. Buenos días general está en vivo de costa a costa por noticias MNN le habla Tomas Andrews. El mundo lo escucha.


- Malditos periodistas, como siempre metiendo sus narices en todo. Arlequines de la información, eso son. Gozando como nadie éste “espectáculo” de sangre. ¡Apaga nuevamente esa estúpida caja Will!

- Como usted mande señor Superman

- Llámame mejor Kryptoniano. ¿Así es como todos me conoces ahora verdad? O mejor díganme asesino, criminal, bandido, ladrón, o como escuché esta mañana: ¡el carnicero de Kryptón! Es increíble, después de todas las veces que les salvé el trasero, ahora soy un carnicero, jum. ¿Tú qué opinas Will, soy un carnicero?

- No señor, usted no…este… no es eso que dicen, para nada

- ¡Gusano cobarde! – Gritó – ¡por primera vez ten valor y dime en la cara lo que crees! ¡Distínguete del resto de los de tu raza! Cobardes por naturaleza.

- Señor soy solo un simple guardia de seguridad, tengo una familia y…

- Si, si estúpido, también tienes hijos pequeños, yo sé me lo has repetido muchas veces mientras te meas de miedo en los pantalones. ¡Qué patética especie!

Al terminar la frase sopló con fuerza formando una poderosa ráfaga de viento que golpeo directamente a Will arrojándolo por los aires a varios metros de distancia.

- Insectos. Sólo insectos son para mí. Con todo y sus lucecitas verdes. Párate Will, límpiate el trasero y vuelve a tu sitio. Necesito ahora que los “insectos” que seleccioné se levanten y se vayan lo más pronto de mi vista. Salgan por la puesta principal y no miren atrás. Tú, Peter, amigo, informa a los militares que, si Lois Lane no entra en 5 minutos junto con las demás personas, mataré a una mujer. ¿Entendido?

- Si señor carnicero, yo le informo.

- ¡Ja Pete!, así se hace, por eso eres mi favorito. Saca tu regordete trasero de aquí. ¡Muévete!

Los 50 temerosos ancianos recuperaron la vitalidad de años anteriores y partieron de inmediato del salón de reclusión, aun con sus arrugados rostros pringados por el rancio verdín del miedo. Mientras los 204 restantes aguardaban por el milagro de salvación, aunque en el fondo sabían que desde que escucharon un estruendo y vieron la puerta de acero de la entrada volar por el aire a las 9:53 de la mañana, hora exacta de la arremetida de Superman contra el Banco numero 10 de la semana, ya su destino estaba condenado al sufrimiento, pues ese sanguinario ser de otra galaxia había perdido los riendas de la razón, dejando a la locura cabalgando sola en la pradera interior de su mente enferma.
El segundero del reloj central del banco no había conseguido alcanzar la quinta vuelta cuando los tacones de Lois y los pasos timoratos de sus acompañantes partieron la lámina de silencio en el recinto, atrayendo la mirada azul y cansada del secuestrador.

- Lois, encantado de verte. Lástima que sea bajo esta incomoda circunstancia. ¿No crees?

- Pienso lo mismo. Por lo menos con lo segundo.

- Como siempre, enseñando tus uñas. Hay personas que nunca cambian. ¿Hola Jimmy, como va todo hermano?

- Ojalá pudiera decir que bien, Superman.

- Tranquilo amigo, las cosas van a mejorar aquí, por lo menos para ti. Créeme.

- Disculpa si interrumpo, pero para que nos hiciste llamar. ¿Qué quieres de nosotros?

- Ah, cierto, lo olvidaba. Ahora soy un criminal que hace peticiones y mantiene al mundo bajo la sombra del terror. Bueno, quiero concederte mi última entrevista. Sé que después de un año… algo diferente podríamos afirmar, todas las personas quieren saber que le ha pasado a su mascotica, a su salvador, a su héroe. Y bueno, quien mejor que tú, mi periodista de cabecera. La que temblaba bajo mi miraba de rayos X en aquella primera entrevista. ¿Lo recuerdas?

- Jamás la olvidaré. Esa vez temblaba de emoción. Ahora lo hago de pavor.

- No te preocupes linda. El viejo Superman no te hará daño. Si algo llega a suceder es por la manada de idiotas con armas que se encuentra afuera. Quienes cayeron tan bajo, pero tan bajo, que acudieron al peor criminal del planeta. Lex Luthor.

- El peor criminal del planeta eres tú, no lo olvides.

- Cierto, cierto…ahora soy el Kryptoniano, el bandido, el carnicero. Sigo teniendo los mismos poderes y ya no soy el “Súper hombre”. ¿Qué cosa más rara no crees? No me respondas por favor, déjalo para tus pensamientos. Más bien ubícate donde quieras, dile a tu camarógrafo que haga un paneo del lugar, que enfoque a los rehenes y después comenzamos con la entrevista. Ojalá hayas preparado buenas preguntas, porque si sobrevives hoy, también lo hará tu carrera. Jimmy, mi mejor ángulo por favor, que no se noten las botas rotas, ni la cara sucia. Gracias.

- Tom y Peggy tenemos las imágenes de los 50 rehenes saliendo por la puerta delantera del Banco, es increíble, son personas de avanzada edad, pero corren como jovencitos. Ahí vemos a Peter Tisdale, quien al parecer sirvió al secuestrador para llevar el mensaje de hacer ingresar en menos de 5 minutos al personal periodístico solicitado, bajo la amenaza de asesinar a una mujer, si se superaba ese tiempo.

- Es increíble Bill tal grado de maldad de este sujeto. Por eso su alias de “El carnicero de Kryptón”. Pero como están los rehenes, cual es su estado de salud ¿hay algún herido de gravedad?
- Peggy al parecer todos están en buen estado, algunos de ellos aquejan algo de dolor, tienen unas contusiones leves, y principalmente afectaciones emocionales, pero ya están en estos momentos bajo observación médica y psicológica. Esperamos que en pocos instantes el mundo entero observe la entrevista de Lois Lane al villano de Kriptón.

- Así es Bill gracias por su información estaremos pendiente de cualquier novedad suya en la zona verde, de igual forma esperamos que en pocos instantes, podamos tener las imágenes del interior del banco, donde nuestra colega periodista Lois Lane, se prepara para entrevistar al secuestrador extraterrestre.


- Mira la cara de borrego de Tom Andrews, Bob. No te parece sencillamente una exquisitez la manera como finge angustia, preocupación, dolor. Cuando es el principal espectador de este decadente show, gozando sin pudor por ello. ¿Lo ves?, ¿lo ves Bob?

- No veo nada Lex

- Es porque eres un crédulo, y un completo estúpido. Te devoras con deleite todo lo que la prensa te entrega.  ¿No sabes acaso que la información es manipulada por lo medios? ¿Ah Bob no lo sabes acaso? El idiota de William Thompson, el enérgico y “valiente” reportero de noticias MNN aseguró que las autoridades habían hecho un trato con el “Terrorista” Alexander Joseph Luthor – Tú servidor – para entregar la preciosa información del prototipo generador del campo “anti estúpido volador”, si Bob, ese es el nombre de esa maravillosa máquina que los malditos federales me arrancaron a golpes y torturas. Usando su suero de la verdad y choques eléctricos. Si Bob, soy inmune a eso, lo sabes. Pero por otra parte, si esa manada de gandules me ahorran la tediosa tarea de acabar con ese encapotado hombre de traje azul, sería más fácil para mí lograr mis planes de dominación mundial, óigase bien, de dominación, no de terrorismo Bob.

- ¿Y qué tiene que ver Bill Thompson en todo esto Lex?

- Mucho Bob, más de lo que te imaginas. Bueno, de hecho, sirvió de puente entre los federales y yo. En sus muchas intervenciones, ese estúpido reportero descubrió algo sobre la Kryptonita. Es más, lleva siempre un fragmento en el bolsillo de su pantalón desde que Superman se volvió loco. Y sabes Bob, él estuvo presente en los “interrogatorios”. Como gozó al verme con la cara en el infesto retrete lleno de excrementos, orines y quien sabe que desperdicios mas. Estos granos no son gratis Bob, no lo son. Así que como te he demostrado mi querido amigo, la información de la supuesta negociación en la rebaja de mi pena, es una falacia, una vil mentira, o como te he dicho al comienzo de mi intervención, una simple manipulación de los medios. Pero Bob, lo que no sabe ese inútil de Bill Thompson es que ese pedazo de Kriptonita en el bolsillo de su pantalón no va a evitar que le meta la cara completa en un retrete con mis excrementos y mis orines Bob, cuando salga de aquí, muy pronto.

- ¡Cállate Luthor, de aquí solo sales muerto!

- Por eso digo, mi estimado guardia, Bob y yo sólo salimos muertos, ¿cierto Bob?


- Lois ya está todo listo, salimos en 5 segundos.

- Gracias Mark, ya estoy preparada.

Lois no dejaba de mirar a ese hombre desgastado que tenía enfrente. Su aspecto descuidado y sucio la hacía temblar. No quedaba sombra de ese individuo de aspecto pulcro y superior que la devastaba con una simple mirada y la remataba con una blanca sonrisa. Dientes tan blancos como los de él no vio jamás. Ahora parecían pardos, desalineados, y no supo si era la impresión por sus feroces actos, pero apreció rastros de sangre en la comisura de sus labios agrietados. No podía ser suya, pues él nunca sangra, a menos que se haya estrellado de cara con la barrera electromagnética de Kryptonita. No, simplemente no podía ser suya, es más, ese ser malvado y lúgubre no podía ser el mismo que la salvó en numerosas ocasiones de la muerte, y que la llevó a flotar literalmente por el cielo como nube por el amor que sentía, que mas adelante descubrió que no era más que una enfermiza obsesión, una absurda devoción. Nada cercano al amor. Un día desapareció de su vida, él más nunca la buscó. Ella tampoco lo hizo, sencillamente no sabía dónde, y se dedicó a esperarlo en la terraza de su departamento. Pero jamás volvió a escuchar el aleteo de su capa colorada. Un día se lanzó al rio con la esperanza de que su héroe atravesara las nubes y rayara el cielo con su vuelo fugaz para sumergirse en las heladas aguas del rio para salvarla una vez más de la muerte. Pero no apareció. Jamás lo vio personalmente hasta el día de hoy, cuando se dio cuenta que nunca más lo volvería a ver, pues ese ser maligno con traje azul ya no era él, y nunca más lo volvería a ser, mucho menos después de la entrevista que acababa de comenzar hacía unos segundos, y ella permanecía con su mirada perdida en sus más hermosos recuerdos de Superman.





CONTINUARÁ...

Espera el próximo jueves la parte final del cuento.


ALVARO RUIZ REYES
Copyright © Alvaro Ruiz Reyes